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domingo, 8 de diciembre de 2013

De pobres y carentes (ensayo)


Como se habló tanto estos días, quiero dejarles en claro algunas diferencias entre los dos vocablos mas extensos del titulo. La gente que saqueo era pobre, por más que hayan tenido auto, o moto o algo, los carentes no tienen comida, pero no necesitan mas que eso, lo pobres siguen necesitando cosas que al final son prescindibles.

Los pobres generalmente necesitan auto para viajar, los carentes son felices si las monedas alcanzan para pagar el colectivo.

Nosotros los carentes no necesitamos lujo, sabemos que de nada sirve ser un ataúd de mucho dinero, que la carne es comida por los gusanos, aunque este recubierta de seda. Los pobres suelen no encontrarle utilidad y valor al epitafio lujoso y honorable.

Mientras nuestros pies caminen, los carentes caminaran.

Los pobres sufren de un vacío generado por macabras coyunturas pasadas y por incapacidades del modelo actual, los carentes sufren de la incomprensión de los pobres Aunque ciertamente hay carentes pobres, que cargan ademas de con la necesidad, con el deseo.

Finalmente quiero hacer notar que nosotros los carentes no creemos en los saqueos, porque la mayoría de nuestras propiedades, o al menos las mas valiosas, son intangibles.

martes, 7 de agosto de 2012

En el centro


Hoy comprobé mi teoría,
me decían loco,
pero por tantos edificios
los rayos del sol no
llegan a la vereda.
Insisto,
por tantos edificios
los rayos de sol no
llegan a la vereda.
¡Calienta menos!
que no es poco,
por eso todos caminan
apurados por el  centro,
por eso no crecen arboles
en las veredas del centro.
Perdés calor hasta
en las venas de más adentro.
El frio te hace indiferente,
y encima,
desde los pisos mas altos,
la crueldad y el frio no se sienten,
Los que viven en los pisos mas altos,
no tienen frio ni hambre
y tienen rayos de sol,
y encima,
no nos entienden.
La vida esta llena de sombras
para el peatón,
el músico en la calle, el bebé
de la mendiga, el caballo explotado
por cartón, la chica
maltratada, el perro abandonado,
y todos los que tiritamos de frio
bajo las sombras
de un mediodía en el centro.

Eduardo Heilbron