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jueves, 8 de agosto de 2013

El dia que no llovió nunca más


Para desalojar

a los inquilinos descuidados,

planean cortarles el suministro

de agua.

No van a regar más

la semilla de su avaricia.

No inundarán más

las almas solitarias.

Extrañaremos los besos

de la brisa húmeda de primavera,

pero debo reconocer

que mi conciencia es partidaria

del bienestar…,y si…

enfermamos al futuro.


Eduardo Heilbron

miércoles, 31 de julio de 2013

Rescatandonos


Y si un día mi anzuelo

pesca una sirena?

Y si na noche

amanece para siempre?

Quizás seamos una voz

chiquitita en un mundo

de estruendos de neón.

Pero mientras tengamos

silencio para convidar,

mientras nos miremos

a los ojos,

mientras la vida

nos abrume,

mientras los muertos

nos conmuevan,

mientras los perros ladren,

nuestra voz existe.

Y mientras exista, nosotros

que miramos desde afuera

convertiremos con artesanal

paciencia el afuera

en adentro.

Y el rio seguirá

su cauce,

el tiempo seguirá

su paso,

y vendrán más primaveras,

y el adentro que antes

era afuera crecerá

hasta que perdamos las noción

de sus limites.

Todos los mares

serán desiertos algún día.

Todos los desiertos

serán mares algún día,

y hasta que ese día llegue,

seguiremos recitándonos

mirándonos a los ojos,,

festejando nuestra existencia,

brindando por la esperanza.

A brindar, por que se ha

echo poco.

A brindar, por lo que

aún nos queda por hacer,

a brindar.



Eduardo Heilbron



“la transgresión pasa por la creación, no por la falta e respeto” Victor Hugo Valledor

lunes, 29 de julio de 2013

Solo me arrepiento de arrepentirme


Me arrepiento de no

haber seguido tu estela

de perfume aquella noche,

en no haber creído

en los instintos en los

que creía, y ahogué

en reproches.

De haber encerrado

gritos impulsivos

que ahora me tienen

al borde de estallar.

De censurar el veneno

en palabras que no liberé

al papel y que hoy opacan

mis ganas de brillar.

Por que me porté

sumiso

ante las normas de

lo moral,

limitado ante los límites

de lo normal.

Estoy arrepentido de

no haber vendido mí

alma cuando la oferta

era buena.

Hoy debo cargar con esto,

que muy pocos quieren,

que nadie compra,

que vive en pena,

y que cada noche pesa más



Eduardo Heilbron
(extraído  de "Todos los muertos  de mi placard", Azahar Ediciones, 2013)

martes, 9 de julio de 2013

Lo mismo


Lo mismo
Sentado frente a la misma
hoja en blanco
que me visita periódicamente,
pensando
que todo es,
más o menos
como era
últimamente.
Con un poco menos
de pelo, mi cabeza
aloja los mismos
reproches.
Las mismas soledades,
quizás más profundizadas,
las mismas murallas,
quizás más consolidadas,
las tontas trabas
adolescentes ya maduras
y desarrolladas.
Mis sueños no han
muerto, muy, muy pocos
se han hecho realidad,
hoy inicio su búsqueda
nuevamente.
Hoy inicio tu búsqueda
nuevamente.
Es que aún creo qe
es posible,
aún siento el calor del
sol de otoño.
Aún.
Todo  es,
más o menos,
como era últimamente,
con  un poco mas
de mugre, el mundo
tiene los mismos problemas,
las mismas injusticias,
que separan, que aplastan,
las mismas violaciones
que destruyen , que devastan,
los mismos  sin sentidos,
que desvían los recursos,
los malgastan.
La lucha no ha
terminado y casi casi
no hay motivos para
festejar.
Hay que comprometernos
nuevamente,
hay que involucrarnos
nuevamente.
Es que aún creo que
es posible.
Aún las flores
crecen en los baldíos,
aún.

Eduardo Heilbron

martes, 18 de junio de 2013

El enemigo - Charles Boudelaire




"Mi juventud no fue sino una tenebrosa tormenta,
atravesada aquì y allà por destellantes soles;
el trueno y la lluvia han provocado tales estragos
que en mi jardìn si apenas quedan los bermejos frutos.

Ahì yo he alcanzado el otoño de las ideas,
y debo emplear la pala y los rastrillos
para reunir de nuevo las tierras anegadas,
donde el agua cava fosas tan grandes como tumbas.

¿Y quièn sabe si las flores nuevas que yo sueño
encontraràn en este suelo lavado como arena
el mìstico alimento que les darà su vigor?

¡Oh, dolor! ¡oh, dolor! El tiempo se devora la vida
y el oscuro enemigo que nos roe el corazòn
al beberse nuestra sangre crece y se fortalece".

Charles Boudelaire, Las flores del mal.



El portero

Por Juan Disante
Estoy cansado de sacar basura a la calle. Ya son muchos años. Subir y bajar con bolsas cargadas. Hay que juntar los desechos de todas las familias del edificio. Hay que atar bien cada bolsa con cuerdas.  Hay que bajar al sótano. Hay que subir del sótano. Siempre igual. Mientras, todos se reúnen en familia. Ensamblados, miran televisión. Por la noche, no les importa otra cosa. Yo no esperaba esto. Por las mañanas todos salen a la calle. Para acá y para allá. Sin motivo. Trabajan, hacen gimnasia, estudian, avanzan, retroceden, se muestran, opinan, pelean, se divierten. Mi mundo es la cuadra, camino hasta una esquina y vuelvo. Converso con un colega de enfrente que refacciona su casa, lo voy a ayudar a llenar enormes bolsas. Escombros. Voy hasta la otra esquina y vuelvo. Siempre vuelvo.  Vuelvo a barrer el pasillo, a pasar el lampazo sobre cada una de las pisadas de los consorcistas y sus rumbos. A escucharlos. A cuidarlos. Cada noche, con fuertes nudos, nada debe escapar de las bolsas. Hay que tener fuerza para subirlas. Son pesadas. Muchas veces reviso las cosas que tiran, las analizo. Las selecciono. La basura contiene objetos de todos los integrantes que una familia descarta. Envases de cosméticos, maquinitas de afeitar, flores marchitas, prendas usadas, cartas de amores rotos. Y más que objetos, emana vapore
s, hálitos del alma, una especial sugestión.  ¡Cuánto me posesiona! Sin ninguna duda, la basura es la prolongación de los cuerpos. Seguramente algunos dirán de mí que soy perverso, un psicópata. Pero otros dirán que soy buena persona, que soy servicial. Y voy a decir que sí, que ciertamente soy muy servicial. Dediqué mi vida a ello. Siempre quise ayudar al prójimo. Alcanzarles herramientas, escaleras, realizar tareas que ellos no pueden hacer. Pero, siempre quise ser como ellos. Pensar como ellos. Opinar con sus mismas convicciones. Lo único que no alcanzo a comprender son los motivos de la gente. ¡Qué ciudad difícil es esta! Extraño a Tilcara. Y no sé por qué a mis quince años. Cada uno de mis vecinos, teniéndolo todo, inventan vacíos, vacíos existenciales, vacíos de móviles. Pero, vivir en una terraza es vivir afuera. Todos viven adentro. Vacíos, pero internados. Ahora lo entiendo perfectamente. Me gusta pertenecer a los de adentro. Soy una buena persona. Acá, nada se comprueba, todo se da por hecho. Quiero ser como todos. Mi mujer está muy enferma y me asusta mirar hacia adelante. La inseguridad, sólo es la soledad. No quiero verme en la intemperie de una terraza desolada. A mis años, tengo que decidirme a cambiar. Tengo que producir un acontecimiento que tome cuerpo y eche a volar. Algo que me demuestre mi propia integridad. Esto será posible si esa actuación pueda ser desinteresada. Como se dice hoy: “Que no tenga móviles”. ¡Exactamente eso! Cada paso de mis vecinos no tiene ningún móvil. Esta vecinita que está abriendo la puerta de calle es mi símbolo íntimo. No quiero sacar una bolsa más. Ya no tengo móviles. Sólo mi inocencia.