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lunes, 16 de febrero de 2015

Llueve sobre inundado



Mi joven espíritu observa azorado


como el barrio amanece inundado.


Me lamento


por aquellos que perdieron todo,


aunque ya no tenían nada,


los viejos olvidados,


la perra con cachorros abandonada


a su suerte,


a ser víctimas del monocultivo,


la usura, la burbuja inmobiliaria


pronta a estallar, la indiferencia,


igual de dura


hasta con los indiferentes,


al consumo que nos consume,


a la publicidad que nos inunda.


Mis brazos están cansados


de nadar sin ver tierra,


como las vaquitas están cansadas


de nacer sentenciadas.


Formamos parte,


aunque lo neguemos,


de la entronización del pesticida,


de la aceptación diaria del invernadero.


Somos culpables de las migraciones


de aves,


de la desaparición progresiva


de las prendas de lana,


de que se tapen los desagües.


Debemos pagar nuestra estadía,


debemos hacernos cargo de siglos de desidia.


Despertar.


El sentido común dijo:


“Nunca tendrás suficiente,


de lo que en realidad no necesitas”

viernes, 9 de enero de 2015

Las sardinas


Empaquetadas,

van en trueque desigual,

a cambiar un poco de su vida

por el pan del día.

Idiotizadas con neón y circo,

inconscientes de su fatal destino,

Creen correr,

pero están estancadas,

alienadas,

indolentes en su marchito espíritu

bloqueado

obstruido e incapaz,

de la tan necesaria empatía,

llegan ya cansadas al desorden,

al terror diario,

a la maldad de la que todos somos participes,

a la podredumbre, al mal olor cómplice .

Entrando al infierno de adoquín

se preparan para rendirse

ante el reloj, y las

oscuras mentes que le dan

cuerda,

y que procuran mantener calmado al ganado,

que no gruña, ni ladre,

ni muerda,

que se crea la actuación,

y que mañana se dirija,

otra vez,

al matadero rutinario,

donde solo es máquina el corazón,

donde el de al lado no importa demasiado,

donde solo se camina a la

destrucción.





viernes, 22 de agosto de 2014

Vapor


Lean sus ciencias

en remera,

en un cuarto fresco,

aislados del terral,

atados a los modales que detesto,

que hacen despreciar lo

que en realidad es

esencial.

Con costumbres incoherentes

hasta para Carnot,

se sentencian aún mas

indiferentes,

a su fatal destino.

Y me agarra más escozor,

tanta muerte,

tanto daño a nuestra madre,

y yo sigo sin encontrar al amor,

y revivo antiguas y proféticas

pesadillas

donde el mundo se convierte

lentamente

en un horno a vapor.



lunes, 19 de agosto de 2013

Que sean niños los niños



 Que sean niños, y no clientes de las compañías de celulares, o vendedores de rosas en los bares, o estrellas desca...rtables de la televisión.
Niños, no limpiavidrios en los semáforos, o botín de padres enfrentados o repartidores de estampitas en los subtes.
Que no sean niños soldados, los niños.
Que sean niños los niños, simplemente. Que no sean los habitantes de un reformatorio.
Que no sean costureros en talleres ilegales de ningún lugar del mundo.
Que sean niños los niños, y no un target.
Que no sean los que pagan las culpas. Los que reciben los golpes. Los bombardeados por publicidad.
Que sean niños los niños. Todo lo aniñados que quieran. Todo lo infantiles que quieran. Todo lo ingenuos que quieran. Que hagan libremente sus niñerías. Que se dediquen a ser niños y no a otra cosa.
Que no sean los que no juegan, los acosados por las preocupaciones, los tapados de actividades. Que sean niños los niños y se los deje preguntar sin levantar la mano, formar filas torcidas, llevar alguna vez la Bandera no por ser mejor alumno, sino por ser buen compañero.
Que sean niños los niños y no los incentivados con desmesura a consumir todo lo que saca el mercado.
Que sean niños, y no los que aspiran pegamento en una esquina o fuman paco en la otra, tan de nadie, tan desprotegidos. Niños, no nombres que tienen que rogar por recibir el apellido paterno o la cuota de alimentos.
Que sean niños los niños. Y que los niños sean lo intocable, que sea la gran coincidencia en cualquier discusión ideológica; que por ellos se desvelen los economistas de todas las corrientes, los dirigentes de todos los partidos, los periodistas de todos los medios, los vecinos de todas las cuadras, los asistentes sociales de todas las municipalidades, los maestros de todas las escuelas.
Que sean niños los niños. Que sean niños, no “el repetidor” o “el conflictivo” o “el que nunca trae los deberes”. Niños, y no los que empujan el carro con cartones.
Que sean niños los niños, simplemente. Que ejerzan en paz el oficio de recién llegados. Que se los llame a trabajar con la imaginación o con lápices de colores. Que se los deje ser niños, todo lo niños que quieran. Y que los niños sean lo importante, que por ellos lleguen a un acuerdo los que nunca se ponen de acuerdo; que por ellos se dirijan la palabra los que no se hablan, que por ellos hagan algo los que nunca hicieron nada.
Que sean niños los niños y que no dejen de joder con la pelota.
Que sean niños en su día. Que lo sean todos los días del año.
Que sean felices los niños, por ser niños. Inocentes de todo lo heredado.

 Por Mex Urtizberea

sábado, 30 de marzo de 2013

Ascuas



Se acerca un nuevo abril,
y otra vez,
se derrumbaron los castillos de arena
y quedé a merced de la ciudad
sádica y cruel que  me ofrece
soledad al por mayor, hambre, pobreza,
exclusión,
e inalcanzables tentaciones.

Se muere  el viejo marzo,
y otra vez,
me quede sin cartas para mentir,
se derrumbaron las coartadas
que me ocultaban de la soledad
el desánimo, y la paranoia mental
la repetición,
las inacabables noches.

El insomnio me ataca,
la inacción me alcanza,
soy una persona que ve cuando prefería ser ciego.
Soy.

Eduardo Heilbron

sábado, 26 de enero de 2013

Avisos para una mujer que no existe - Fernanda Sandes (la nacion)

Anónimas luchadoras contra el sarro y las manchas de grasa. Mujeres que hablan con Míster Limpísimo, un superhéroe en maillot que lo puede todo contra la suciedad, pero que aun así escapa corriendo de esa cocina infecta. Milicianas de un insólito ejército en pro de un esqueleto más fuerte, de no arrugar, de lo que fuere. La publicidad, convengamos, nunca ha tenido musa justamente porque de arte tiene poco y nada. No hay Terpsícore ni Melpómene dispuestas a patrocinar piezas en las que se muestra a la mitad de la humanidad preocupada solamente por la blancura de los sanitarios, el fin de las liendres o (ya en un exceso creativo) bailando con un cantante salido del interior de un bolsón de polvo para lavar la ropa.
Por eso, si algo sorprende de la publicidad destinada a mujeres no es tanto su adscripción militante al rosa y a la estupidez como su desconocimiento de un dato básico: hoy, en el mundo, las mujeres (como anticipaba el comercial del yogur pro osamenta indestructible) ya son multitud. Según un informe de la consultora Deloitte, definen el 80 % de las decisiones de compra a nivel mundial y en 2014 controlarán 28 mil millones del gasto total. Tom Peters (el economista de Stanford devenido "gurú de gurúes" del mercadeo) anticipó el fenómeno hace años y dedicó un capítulo entero de su libro Re-imagina!- La excelencia en los negocios en una era disruptiva a analizar la creciente influencia femenina en la economía. "El mañana pertenece a las mujeres", decía, y no era feminismo de saldo. Hoy, ese pronóstico ya es número. Las mujeres son el 65% de las graduadas universitarias en los Emiratos Árabes Unidos, el 61% en Canadá, el 60% en Brasil, el 58% en los Estados Unidos e Inglaterra, el 57% en China y el 54% en México, por sólo nombrar algunos ejemplos. Deciden además 8 de cada 10 compras en los Estados Unidos y 7 de cada 10 compras en la Unión Europea. Gastan en promedio 8% más que los varones y tienden a recomendar sus marcas preferidas 27% más que ellos.
Sin embargo, es mirar el televisor y caer en el túnel del tiempo. Porque allí ellas no son ni la mayoría de las graduadas universitarias ni decisoras de compra ni nada. Son, sí, carne de estereotipo: las caprichosas y controladoras que espían el celular de sus novios en el comercial de cerveza, las eternas indecisas del aviso de toallas higiénicas que hasta propone un "traductor" para comprenderlas, las que se juntan en una plaza a soltar globos violetas para celebrar el fin de la constipación. Así, entre la caricatura y el prejuicio, emerge de la pantalla una mujer peor que patética: irreal. Pero no porque se angustie hasta el ataque cardíaco en presencia de un mantel manchado o se perfume para que un desconocido de repente le regale flores, sino porque de este lado de la pantalla las mujeres sostienen hogares y gastan en muchas más cosas que en detergentes o pomadas contra la celulitis. "Han dejado de ser nicho para volverse audiencia", se consigna en el informe El dividendo de género: estrategias de negocios para invertir en las mujeres. Pero, evidentemente, eso es algo que el marketing y la publicidad prefieren ignorar. Como ignoran también lo mucho que nos divertimos las reales viendo -y destrozando juntas, al grito de "¿Y no viste la propaganda esa de.?"- esos avisos con propuestas tan ridículas como "el diario íntimo de esos días", el Desafío X y el Movimiento Z. Puede que no sea casual. Puede que, a fin de cuentas, a la publicidad que atrasa le convenga ignorar el feroz humor femenino, ese que destruye en las redes sociales cada uno de sus comerciales y se ríe, en un mismo gesto, del aviso, primero, y del producto que promociona, después.
Lástima que a veces de la risa a la mueca espantada hay un solo paso. Sobre todo porque quizá lo que comienza en chanza (nadie puede tomar demasiado en serio un comercial en donde dos madres jóvenes hablan de pañales como si discutieran el Consenso de Washington) termina dando paso a algo mucho más oscuro.
Porque en ese comercial de cerveza, "entregar a tu hermana" es una prueba de "darlo todo por un amigo".
Porque en este otro aviso de un banco la esposa gasta descontroladamente en ropa el dinero que (a juzgar por la mirada reprobatoria del marido) ella no generó.
Porque en ese de una bebida alcohólica las mujeres sólo sirven para dos cosas: "despertar fantasías" y "romper corazones".
Tanto es así que, tiempo atrás, el Observatorio de la Discriminación en Radio y Televisión debió intervenir para que un comercial de esos que sólo pueden salir de un cerebro misógino no terminara haciendo escuela en horario central. En los dos casos se trató de comerciales de cerveza; en los dos casos las mujeres (que, sepan también los creativos publicitarios, contribuyen a esos 33 litros por persona por año que se consumen en el país) aparecen retratadas ya como una "linda" de escote rotundo, ya como una "fea" con nariz reloj de sol, ya como una horda de histéricas a caballo. Pero con o sin sanción, lo cierto es que el 90% de los avisos que nos bombardean a diario presentan a la mujer como un mamarracho psíquicamente inestable y básicamente insolvente. Son las que en "esos días" parten ramos de flores en las cabezas de sus novios, las que eternamente chocan autos eternamente ajenos, las que salen con megáfonos a recitar frases de sobre de azúcar por los vagones del tren. Es fácil avergonzarse de ser hija de Eva mirando esos avisos. Es inevitable comenzar a sentir que hay en ellas algo extraño. Imperfecto. "Anormal." Porque si sistemáticamente son más tontas, más siniestras y más superficiales, son también un poco menos humanas. De ahí en más, lo que quiera que se haga con ellas parece un poco menos grave. Y hasta puede que "divertido".
De acuerdo: ya no vemos en la tevé de aire y en horario central a una mujer pidiendo "Bajame la caña" (como en el comercial de Legui) ni "Dame otra piña" (como en el comercial de la Piña Colada American Club). Pero las cosas tampoco han cambiado tanto. Apenas se ha tomado nota (corrección: algunos han tomado nota) de que hay temas como la violencia sexista con los que ya no hay chiste que funcione. Medio millar de muertas en 18 meses no es algo que dé mucha gracia que digamos.
Por lo demás, lo único realmente anormal en toda esta historia no somos las mujeres, sino la ceguera. La imposibilidad -de los empresarios, primero; de los "creativos", después- de ver cuánto y cómo ha cambiado el mundo en estos últimos años. No se trata entonces de pedirles algo parecido a la conciencia o a la sensibilidad. Se trata, sí, de sugerirles hacer lo que sí saben: revisar los números. Apagar el televisor y los prejuicios, y escuchar lo que ya sopla en el viento.
"En la medida en que se incrementa el poder adquisitivo de las mujeres, éstas representarán una oportunidad de crecimiento para las compañías", se lee en el informe de Deloitte. " Sin embargo, las organizaciones necesitan entender las diferencias de las mujeres a fin de capitalizar ese crecimiento. La designación de mujeres y hombres en puestos de toma de decisiones brinda a las empresas la perspectiva que necesitan para aumentar las ventas e impulsar el crecimiento."
Es eso o seguir como hasta ahora: hablándoles a consumidoras que sienten que cada aviso les dice "Comprá, estúpida". Es eso o saber que -en breve-hasta Míster Limpísimo tendrá que salir a buscar trabajo.

jueves, 20 de diciembre de 2012

El día que no llovió nunca más


Para desalojar a los inquilinos descuidados,
planean cortarles el suministro de agua.
No van a regar más la semilla de la avaricia,
no inundarán más las almas solitarias.
Extrañaré los besos de la brisa
húmeda de primavera,
pero debo admitir
que mi conciencia es partidaria
del bienestar general,
…y si…,
enfermamos al futuro